sociologiafiscal

“The spirit of ´45”, el embrión del Estado de Bienestar

In Estado de Bienestar on 28/10/2013 at 09:30

La semana pasada, y aprovechando la exitosa “Fiesta del cine”, aproveché para darme un atracón de cine y una de las elegidas fue “The spirit of ´45”, un documental homenaje a quienes lucharon para cimentar el Estado de Bienestar en Reino Unido, dirigida por el gran Ken Loach.

Interesante revisión histórica que explica cómo el partido laborista británico consiguió la mayoría en las elecciones de 1945 al trasladar a la sociedad el discurso que, habiendo sido capaces de organizarse como país para la II Guerra Mundial, tenían que conseguir construir un sistema de servicios públicos que mejoraran la calidad de vida de la gente (a pesar de que Inglaterra era uno de los imperios más poderosos del mundo, tenía un alto nivel de pobreza). El principal “gancho” del discurso laborista, y por el que la mayoría de los ingleses “compraron” su campaña política, fue el Sistema Nacional de Salud (en adelante, SNS) que dotaría de un sistema sanitario “gratuito” para todos los ciudadanos. Sin duda, todos los testimonios de las personas protagonistas del documental (trabajadores, sindicalistas, economistas, etc) que vivieron en primera persona el cambio de un precario sistema sanitario al SNS, lo recuerdan como un espectacular cambio en el bienestar de sus vidas.

El autor de esta idea de sanidad pública universal fue Beveridge quien con lo que se conoce como “Informe Beveridge” preconizaba que todo ciudadano en edad laboral debía pagar una serie de tasas sociales semanales, con el objetivo de poder establecer una serie de prestaciones en caso de enfermedad, desempleo, jubilación y otras. Este economista para convencer a los conservadores escépticos, explica que la asunción por parte del estado de los gastos de enfermedad y de las pensiones de jubilación permitirá a la industria nacional beneficiarse de aumento de la productividad, y como consecuencia, de la competitividad.

Pero el trabajo de los laboristas británicos en el periodo de post-guerra no quedó ahí sino que a ello le siguieron entre otras cuestiones: la construcción de un Sistema Nacional de Vivienda o la nacionalización de sectores como el ferroviario o el minero. Sin duda, aquello supuso el embrión del actual Estado de Bienestar que cada vez ha ido adquiriendo mayores cotas de bienestar y por tanto mayor necesidad de gasto público.

Lo que me llamó poderosamente la atención fue que en la película en ningún momento se habla de cómo se consiguió sufragar ese SNS, esas nacionalizaciones y esa construcción de nuevas casas para los más necesitados. ¿De dónde sacaron los laboristas el dinero para aquél enorme gasto en bienestar social? Criticaría al director que no hiciese mención alguna a los impuestos, clave para hacer frente a todo ese gasto. Si bien es cierto que durante la película se hacía mención a la necesidad de unión social y solidaridad, en ningún momento se oye la palabra impuestos.

La película finaliza en los años 80 del “thatcherismo” en donde vuelven al poder los conservadores y empieza una época de recortes en los social y masivas huelgas que, tristemente, recuerdan a la situación actual que vivimos en España.

Desde luego en España no partimos de la destrucción y asolación de una guerra, los niveles de pobreza son elevados y cada vez más acuciantes pero sin embargo contamos ya (cada vez menos) con un amplio sistema de coberturas (servicios sociales públicos y un sistema asistencial privado). Lo que tengo claro tras ver esta película que en nuestro país hemos disfrutado de un Estado de bienestar muy desarrollado, no por todos respetado y apenas conscientes de su valor y ahora, con la causa/”excusa” de la crisis económica estamos retrocediendo muchos años de golpe. Hasta el momento, los españoles a través de las encuestas sobre fiscalidad trasladábamos nuestro espíritu “utilitarista” en nuestro pago de impuestos sobre todo aludiendo a la “sanidad” como el servicio público estrella y las “pensiones” en el caso de las prestaciones sociales. Quizás nuestros políticos deban revisar este clima fiscal y seguir los pasos laboristas al “vender” la importancia de nuestro sistema (hasta ahora) universal de salud. No es suficiente utilizar como “arma” política la sanidad o las pensiones, sino que es necesaria una convicción del bienestar social como parte ineludible para que los contribuyentes sigan asumiendo sus obligaciones, sin esa relación de intercambio fiscal cada vez nos encontraremos con mayores cotas de incumplimiento tributario.

Desde mi punto de vista no quiero vivir un sistema tatcherista español, pero tampoco quiero volver al sistema de bienestar que teníamos, en donde había un gasto público ineficiente en muchos sentidos y en donde los ciudadanos no éramos conscientes de su valor hasta que lo estamos perdiendo (o nos lo están arrebatando). Creo que con la causa/“excusa” de esta crisis, deben aprovechar las instituciones para demostrar el valor real de las cosas públicas, hacer consciente a la ciudadanía de la importancia de cumplir con las obligaciones tributarias y rechazar frontalmente el fraude tanto en el ingreso (no pagar los impuestos que le corresponden) como en el gasto público (desde romper una papelera en un parque hasta trampear la declaración para conseguir una beca escolar). Me refiero a la tan importante y a la vez olvidada en nuestro país educación fiscal.

Aquí podéis ver el tráiler de la película.

Sigamos reflexionando y como siempre, ¡espero vuestros comentarios, críticas o lo que os sugiera este nuevo post!

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  1. Aunque no soy un experto en la materia, no me atrevería a escribir estas líneas en un blog británico, sí que creo conocer a grandes rasgos la maravillosa creación de la Sociedad de Bienestar británica. Como bien menciona la entrada Reino Unido era uno de los países con mayores disparidades y el gobierno laborista de Attlee recibió el mandato popular de generar una sociedad más justa y un estado paternalista, de hecho uno de los eslóganes de esa campaña era que iban a cuidar a los británicos “de la cuna a la tumba”. Esa igualdad se consiguió efectivamente a base de impuestos, aunque también recibió otras formas de financiación vía prestamos de EE.UU. y el famoso plan Marshall. Pero volvamos a los impuestos, con ese fin redistributivo el gobierno laborista llego a poner tipos impositivos cercanos al 150%, no es una errata, lo cual evidentemente paso factura a la industria, provocando que algunas marcas no fueran competitivas, y dañó colateralmente a los profesionales liberales. La redistribución dejo tocada la economía de la que era la primera potencia y su bonanza económica duro 20 años. A finales de los años sesenta la economía británica estaba exhausta, de hecho volvieron a poner los impuestos a cerca del 150% para enfado de los Beatles como demuestra su celebérrima canción Tax Man del álbum Revolver. En los 70, Reino Unido tuvo que pedir un rescate al FMI y finalmente en los 80 la dama de hierro desmonto la creación laborista. Creo que el error de Reino Unido fue tener tal disparidad lo que generó un radicalismo a la inversa, se pasó de no tener ningún tipo de cobertura a que el estado pagara las dentaduras postizas y las gafas de sus ciudadanos. Bueno tras esta perorata mi punto es que RU es un ejemplo de que la distribución de la riqueza es importante y que se puede convertir un arma de doble filo para un país. Como expertos en fiscalidad ¿Cuáles creéis que son los tipos impositivos óptimos? Puestos en el escenario británico 1945 -1979 ¿Qué medidas hubieses adoptado para evitar el colapso de la economía y el consecuente ascenso de una premier que no dudo en desmontar el estado de bienestar? No he visto la película no sé qué temas tratan pero siendo del bueno de Loach ya tengo plan para ir al cine.

    • Fernando, muchas gracias por tu comentario y gran conocimiento del RU. Desde luego yo ni soy experta en aquél país, ni podría dar respuestas a las dudas que planteas al final de tu reflexión (aunque con probabilidad, compañeros que leen este blog puedan responderte al respecto). Sin embargo, lo que queda claro es que gracias al afamado Informe Beveridge se dió pie a la construcción de los Estados de bienestar contemporáneos, apoyándose en la redistribución de la renta y la riqueza.

      Como bien apuntas, quizás el RU a finales de los ´40 pecó de aportar demasiado bienestar a una sociedad empobrecida, pero sin aquella iniciativa laborista quizás hoy siguiéramos teniendo en Europa las desigualdades sociales de las que adolece América Latina. Es importante ser conscientes de la importancia de cómo servicios públicos como la sanidad o la educación, y prestaciones sociales como las pensiones generan unas bases de bienestar básicas para justificar el pago de impuestos entre los ciudadanos (al menos en España en donde carecemos de una conciencia fiscal asentada). Y es la clase más alta, a pesar de que con seguridad hagan menor uso de estos servicios públicos, los primeros interesados en la estabilidad económica de la clase media (de ello dependerá que se mantenga un elevado nivel de gasto y su consecuente endeudamiento, así como una “anestesia” social).

      Abogo porque la Administración Tributaria en España se “aproveche” de la actual crisis económica y su consecuente debilitamiento del gasto público, para implementar medidas informativas, comunicativas y educativas que generen las bases de un cumplimiento fiscal voluntario en el medio-largo plazo en nuestro país. Si los españoles somos “utilitaristas” en el cumplimiento de nuestras obligaciones tributarias, en caso de desmoronarse los principales servicios y prestaciones “estrella”, los casos de resistencia fiscal se extenderán y será un contexto inmanejable para el Gobierno (independientemente de su color político).

      Sigamos reflexionando…

  2. El tema de la redistribución es fundamental, y seguramente el mejor canal para lograrlo son los impuestos, aunque es importante encontrar el equilibrio, esa frase tan manida hoy día de “hay que incentivar no subsidiar”. Si hay algo que no entiendo de la situación actual es como las élites económicas están permitiendo la destrucción de la clase media y la polarización de las rentas, deberían ver que altos índices de desigualdad económica acabaran delimitando su libertad. Es una pregunta que me hago recurrentemente ¿los ricos de Centroamérica o áfrica subsahariana deben pensar que es normal que solo pueden desplazarse en coche y habitar en urbanizaciones fortificadas? Yo me preocuparía si tuviese que cruzar una alambrada y una garita con seguridad privada armada para ir a comprar el periódico, pensaría que algo va mal…

    • Creo que desde las élites económicas españolas se está pecando de ingenuos al permitir, como bien apunta Fernando, el desmoronamiento de la clase media y confío en que alguien haga algo a este respecto puesto que creo que a nadie nos gustaría tener que vivir en jaulas de oro.

      También creo que, dando noticias fiscales contradictorias, la ciudadanía no sabe a qué atenerse. Véase el ejemplo de Madrid que está siendo “asediada” por manifestaciones sobre la privatización de su sanidad y los recortes en su sistema educativo, mientras que hace pocos días su presidente anunciaba “a bombo y platillo” que pensaba reducir algunos impuestos.

      Y en cuanto al concepto de redistribución, me surge la duda de hasta qué punto los contribuyentes españoles perciben realmente que el actual sistema tributario en nuestro país cumple su función redistributiva para el que en teoría ha sido diseñado. ¿Acaso los ciudadanos conocemos el valor económico real de los servicios públicos y prestaciones sociales? ¿Es el fraude en el gasto público también un grave tipo de fraude según la opinión de los ciudadanos?

      Un Estado de bienestar tiene que salvaguardarlo la clase política por sus convicciones y prioridades, pero también sus ciudadanos son responsables de su futuro y sostenimiento.

      No me cabe duda que para solucionar el actual desmoronamiento del Estado de Bienestar español, se necesita compromiso político, pero también más información y educación a la ciudadanía sobre el porqué y cómo de los impuestos.

  3. Muy interesante este post, creo que el estado debería ser más transparente con el destino de nuestros impuestos y con el coste que supone cada uno de los beneficios sociales de los que disfrutamos, de esta forma seríamos más conscientes de lo que “cuestan” las cosas. Lamentablemente, en el caso de la salud (que es el que conozco), disfrutamos de un sistema muy difícil de mantener, en mi opinión, creo que no se puede tener un sistema de bienestar perfecto ni para todo, por ejemplo, ¿por qué seguir subsidiando sectores que son ineficientes con dinero público cómo el de la minería? ¿por qué no se invierte ese dinero en intentar crear nuevos sectores eficientes o al menos productivos para esas personas? Creo que el estado debería priorizar, porque “gracias” a la crisis, se ha demostrado que no podemos seguir con un nivel de gasto como hasta ahora. En lo personal, creo que la salud y la educación deberían estar en los primeros puestos.

    • Eugenia, ¡muchas gracias por tu opinión e interesantes apreciaciones!

      Como bien dices, creo que “aprovechando” la crisis el Estado deber priorizar en el gasto público y maximizar la eficiencia. Es el momento de repensar nuestro Estado de Bienestar para saber de dónde venimos, a dónde vamos y de informar y educar a los ciudadanos al respecto.

  4. Interesante concepto este de la Educación Fiscal y totalmente de acuerdo en que si rompo una papelera o pago a un señor en negro para que pinte mi casa y así no pierda su prestación estoy “trampeando” como tu dices… pero creo que ahí no está el problema. El problema es la bajada de pantalones “fiscal” que tenemos con empresas a cambio de que puestos de trabajo ( migajas para el país )

    Te hago una recomendación para tu siguiente post: infórmate de como cumplieron sus obligaciones fiscales Facebook o Google en España el año pasado y me dices si tenemos que “educarlos fiscalmente” o

    • Gracias por tus comentarios, Antonio Javier. Creo que se te ha cortado el final de tu opinión, así que no dudes en terminar la frase si quieres, ¡recibiré encantada tu recomendación!

      En cualquier caso, creo que se están mezclando conceptos porque yo hablo de cuestiones relacionadas con la Hacienda Pública desde un punto de vista sociológico. Para nada soy experta en impuestos, y mucho se tendría que decir de una reforma a fondo del sistema tributario español que buena falta haría (y ahí entran los incentivos fiscales a empresas u otras cuestiones criticables).

      En mi caso, intento reflexionar y aportar mi granito de arena a la (des)información de la ciudadanía acerca de los impuestos (para qué sirven, cómo se obtienen…); los determinantes sociales que influyen sobre el cumplimiento fiscal de los contribuyentes; etc.

      Desde mi humilde opinión, el Gobierno y la Administración Tributaria española deben “aprovechar” la actual crisis para repensar cómo se están gestionando los impuestos; por qué se están produciendo las actitudes de resistencia fiscal entre los contribuyentes; cómo mejorar su conciencia fiscal; etc. Si no se tiene en cuenta el elemento al que van dirigidos los impuestos, será imposible que tengan éxito.

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