sociologiafiscal

El dicotómico debate fiscal en España

In Debate fiscal on 11/06/2013 at 09:30

Parece que hablar impuestos está de moda, ¿pero acaso solamente existe la opción de debatir sobre si subirlos o bajarlos?

Está claro que la necesidad de recaudación impera sobre el ejecutivo, lo que ha llevado en los últimos tiempos a subir figuras impositivas ante las críticas de la oposición y gran parte de la sociedad; pero pareciera que ante estas medidas, las únicas réplicas fueran el hecho de que en realidad lo que hay que hacer es bajar los impuestos.

Desde un punto de vista sociológico, esta situación hace que la ciudadanía-contribuyentes vean los impuestos como “arma política” desvirtuando una vez más su verdadera esencia. No hemos de olvidar, tal y como demuestran las encuestas sobre fiscalidad del Instituto de Estudios Fiscales y el CIS, que los españoles son utilitaristas (no conciben el pago de impuestos de no ser porque reciben servicios públicos y prestaciones sociales a cambio), no creen que su sistema fiscal español sea justo ni equitativo (no son los que más ganan los que pagan más impuestos) y aunque rechacen el fraude en el plano de las opiniones, no tanto en el de las actitudes o valores.

Desde el ejecutivo, la oposición y desde la propia Administración Tributaria española es necesario ampliar el debate e información fiscal para una mayor comprensión de la ciudadanía sobre el para qué de los impuestos. No se ha de olvidar que la aplicación y construcción del sistema fiscal no tendrá éxito de no tener en cuenta a la población a la que va dirigido, por tanto va más allá de una cuestión técnica. Nos encontramos ante un panorama social en el que los españoles cada vez van adquiriendo una actitud de mayor resistencia fiscal por diferentes causas: crisis económica; escándalos relacionados con el fraude fiscal; altas cotas de desempleo; percepción social de que nuestro sistema fiscal es injusto (los mayores afectados son los asalariados y la clase media); dudas sobre la eficiencia de la gestión del gasto público (relacionado directamente con la merma de la calidad y cantidad de serivcios públicos y prestaciones sociales); etc…

¿Realmente lo importante es debatir sobre subir o bajar impuestos o centrarnos en cuál es el clima fiscal de la sociedad española y cómo éste puede afectar sobre el propio sistema tributario?

Desde mi punto de vista, si no se emprenden medidas efectivas y serias para atajar el fraude y hacer que nuestro sistema fiscal se perciba como más justo y equitativo, por mucho que se suban impuestos la recaudación quizás nunca sea mayor. Y aunque se decidan bajarlos, si la oferta de servicios y prestaciones sociales sigue empobreciéndose y las cifras de fraude fiscal se mantienen, dudosamente se alcancen mayores cotas de cumplimiento por el hecho de pagar menos impuestos que antes.

Y vosotros, ¿cómo lo véis? Sigamos reflexionando…

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  1. La subida o bajada de impuestos querida Goenaga, creo que va en función de la situación económica del país.
    Cuando la situación es buena, bajando los impuestos aún se hace mejor, con muchos contribuyentes se recauda más dinero y se mejoran las economías individuales.
    El problema viene cuando el perro está flaco, si se bajan, se recauda muy poco y se resienten los servicios sociales y los puestos de trabajo que conlleva, así como las infraestructuras de futuro, y si se suben, se corre el riesgo de paralizar la economía y recaudar aún menos , aunque a esta segunda opción es posible que los gobiernos se vean obligados por la deuda exterior, ( todo un laberinto , mi querida amiga)
    Ante tu pregunta me quedo con la segunda reflexión, centrarnos en el clima fiscal y como puede afectar al sistema tributario.
    Un abrazako !!!!!

  2. Tienes razón, MeriGoe, el asunto no es subirlos o bajarlos. Desde mi punto de vista hay (al menos) tres puntos básicos: 1) hay que avanzar en transparencia, es decir, saber en qué se gastan nuestros impuestos; 2) es necesario reducir los gastos superfluos y/o derivados de la existencia de duplicidades fruto de una serie de instituciones/órganos de representación prescindibles (‘Un, dos, tres, responda otra vez’: las Diputaciones); y 3) es PRIORITARIO atajar el fraude fiscal de la misma forma que se hace en nuestro entorno (no es que en Europa sean más cívicos, es que ‘allí’ se les pilla), y este punto PRIORITARIO no es compatible con la imagen que desde el partido en el Gobierno (y lo siento, pero es difícil obviar el tema) se está dando con respecto a las obligaciones fiscales (iguales ¿para todos?). Y ni siquiera voy a entrar en lo de que pague el que más tiene, me conformo con que paguen.
    En materia de conciencia fiscal nos está pasando como con los derechos sociales, los avances (muchos o pocos, según cada caso) que se habían producido durante tres décadas de democracia, se han evaporado en cuestión de pocos meses.
    Defraudar a Hacienda, tema al que abiertamente se aludía (y aplaudía) durante los primeros años de la democracia y que carecía de connotaciones negativas (todo lo contrario, si no defraudabas era porque no eras lo suficientemente listo), pasó a ser un tema del que ya nadie hablaba abiertamente durante la última década, ya que aunque siguiera existiendo el fraude, éste ya no estaba (tan) bien visto (en mi entorno de clase media/baja el fraude era reprobado hasta en las reuniones familiares). Ahora, estamos volviendo atrás, querida MeriGoe, ya que si los que nos están quitando derechos no pagan a Hacienda, ¿por qué lo debo hacer yo? Si me tengo que hacer un seguro privado porque la sanidad no es lo que era, ¿para qué voy a pagar impuestos para que se mantenga una sanidad pseudo-pública de la que no hago uso; si no tengo hijos en edad escolar, ¿para qué voy a pagar impuestos para sostener la escuela pública?… y así, un largo etcétera de razones que nos damos para no cumplir con nuestras obligaciones tributarias.
    Y sí, lo confieso, yo también he defraudado: abrí una cuenta-vivienda y no he devuelto el importe de los beneficios fiscales obtenidos una vez cerrada la dichosa cuenta sin haber podido comprarme una vivienda… (como dicen en Génova, eso ya ha prescrito :P)

  3. Leyendo a Quela me ha venido otro detallico a la cabeza, sería bueno intentar corregir ese afán que tienen los gobernantes de turno, de “vender” las inversiones públicas como existo personales, “¡Hemos hecho un gran esfuerzo!”, ¡ como si pagara ellos!…

  4. Lamentablemente la pobreza del debate es un mal común. En México debemos sumar además la práctica de los gobiernos (todos) de evitar el debate presentando sus iniciativas de reformas a escasas semanas (días) de que deban ser aprobadas o rechazadas en el Congreso

  5. […] como “arma política”. De hecho, ya hablé hace tiempo en este blog del simplista y dicotómico debate en el que siempre caen los políticos a la hora de hablar de impuestos para los políticos: subirlos […]

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