sociologiafiscal

El eterno perjuicio del fraude fiscal y los paraísos fiscales

In Fraude Fiscal on 20/01/2012 at 08:30

Sin lugar a duda, hoy más que nunca por ser periodo de crisis y buscarse con más ahínco que nunca IN-GRE-SOS para el Estado, parece que la persecución contra el fraude fiscal y la erradicación de los paraísos fiscales debe ser un objetivo prioritario de los ejecutivos.

Desde el punto de vista de la sociología fiscal, lo que más preocupa es que, en este momento en que todos los contribuyentes “sufren” para cumplir con sus obligaciones fiscales, haya otros que no las cumplan y arrastren al resto a una “insumisión fiscal” o a una tolerabilidad del perfil del pequeño-mediano defraudador.  “¿Voy a ser yo el único que pague?”, pensarán muchos… y otros se sentirán como en aquella fiesta de cumpleaños en donde todos ponían dinero para el regalo de su amigo, menos uno que además de no aportar su parte, comió y bebió igual que el resto (lo que se conoce en teoría económica como free rider).

Como apuntó el otro día el secretario general del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), cada contribuyente paga 830€ en impuestos para compensar la evasión fiscal de otros. Y algunos pensarán: ¿y ésto me compensa?, ¿pagar más por lo que no pagan otros?. 

Y vosotros qué opináis: ¿creéis que ahora se tolera más el fraude fiscal porque hay más a nuestro alrededor que lo practican?, ¿sin paraísos fiscales viviríamos mejor o son un “peaje” para que las grandes empresas no realicen una deslocalización masiva a países subdesarrollados?.

No os perdáis este interesante video gráfico acerca de las consecuencias de los paraísos fiscales sobre el equilibrio ingresos-gastos públicos (video visto en este interesante blog: http://lalineadeeuler.wordpress.com).

¡Espero vuestras opiniones!!!.

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  1. No creo que ni el fraude ni los paraísos fiscales se toleren más que antes de forma voluntaria, es que no hay capacidad de reacción.

    La ruptura definitiva de la vieja alianza entre las élites y las clases medias ha dejado a los gobernantes sin capacidad de coacción sobre los más acomodados, que sí están efectivamente globalizados. Así que, hasta que no se consolide la nueva situación con los oportunos cambios en la estructura política, se va “parcheando” como se puede la normativa fiscal por los dos lados, ingresos y gastos. Y si la cosa falla, se quita al equipo elegido en las urnas y se pone al mando a uno de confianza. A ser posible “uno de los nuestros”. Faltaría más. Tonterías, las justas.

    Naturalmente, en esta situación de cambio aparecen crudamente las contradicciones entre intereses y actitudes. Pero creo que eso es algo buscado. Precisamente para que las viejas clases medias, ahora depauperadas y aterrorizadas, se hagan ese razonamiento: “¿Realmente me compensa?” Malos tiempos para la vieja Europa, y más para los PIGS que apenas hemos tenido tiempo a rozar con los dedos el modelo de Bienestar, ya sentenciado. Bien lo decían ayer mismo los representantes de “los mercados”: hay que americanizar, o mejor aún orientalizar, Europa. Que así no se va a ningún sitio.

    • Agudo comentario el de Marisa Delgado, que muestra una semblanza de lo que nos está sucediendo tan acertada como amarga, que sólo la ironía puede matizar.

      Cuando se habla de los paraísos fiscales, a menudo se justifican -sí se justifican, incluso por ciertos responsables de hacer precisamente que el sistema fiscal se aplique en los términos de equidad y progresividad que la Constitución exige- como una especie de fenómeno inevitable o como un mal menor. La flaqueza humana, su naturaleza desfalleciente, como decía Hauriou, lleva muchas veces a contemplar los grandes males arraigados como algo imposible de evitar o de resolver, al igual que si fuesen un fenómeno natural ineluctable en lugar de un producto del funcionamiento anómalo de nuestros sistemas de convivencia. Es una posición cómoda, por otro lado, la que permite convencerse de que no hay nada que hacer, ahorrando así los esfuerzos, sinsabores y amarguras que depara la lucha y la enemistad con los poderosos. Y en cuanto a la postura de quienes consideran este fraude a gran escala un mal menor, su argumento es el del miedo a que “se lleven todo” a países más laxos. Me pregunto qué se van a llevar si aquí no dejan nada, ya que la utilización de “paraísos” fiscales (sospecho que es error de traducción de “haven”, en inglés, refugio o escondrijo, por confusión con “haeven”, lo que demuestra nuestra pobre conciencia fiscal, ya que los lugares donde no se pagan impuestos nos parecen paraísos) es sólo uno de los mecanismos fraudulentos que utilizan estas gentes en su intrincada ingeniería fiscal para no pagar nada o casi nada de los impuestos que deben, por una actividad que, para colmo, ni siquiera crea empleo ni produce nada en nuestro país sino en otros donde se puede explotar mano de obra barata.

      En mi opinión, se puede luchar contra los paraísos fiscales y vencerlos, sólo hay que decidirlo y ponerse a ello; ya se unirán otros por el camino, porque es una cuestión tanto de ética como de pura supervivencia. Y lo mismo cabría decir de otras lacras que nos destruyen, como nuestros nuevos amos, esos “mercados” y “agencias de calificación”, que ponen de rodillas a los gobernantes democráticos y, con ellos, a todos los ciudadanos a quienes representan. Pero esta es otra cuestión.

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