sociologiafiscal

¿Por dónde empezamos???

In Titulares generales on 11/11/2011 at 08:00

Aunque los impuestos a muchos, a la mayoría, les suenan tediosos, técnicos y alejados…en realidad, queramos o no, ¡forman parte de nuestra vida cotidiana!.

Posiblemente el problema parta del hecho de que nunca nos hayan explicado el porqué y para qué de los impuestos, y probablemente los veamos más como una imposición de la Administración Tributaria de turno, que como un deber democrático de todos los ciudadanos (art. 31 de la Constitución Española).

Con la crisis que vivimos, parece que los impuestos “pesan” todavía más para la ciudadanía española. Sin embargo, son los impuestos con los que se financia la oferta pública de servicios y prestaciones. Según los datos del último Barómetro Fiscal 2010 del Instituto de Estudios Fiscales, existe una moderada satisfacción con esta oferta, aunque parece que es la sanidad el servicio público por el que se justifica casi únicamente este pago de impuestos.

¿Se pone en entredicho la necesidad del pago de impuestos para sufragar servicios y prestaciones públicas? o ¿la relación de intercambio fiscal actual (impuestos sobre servicios) ya no justifica la presión fiscal que sorportamos los españoles?.

¡Se abre el debate!!!;)

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  1. Ya era hora de que alguien abriera este debate. Creo que en general, como bien dices, a nadie le gusta pagar impuestos, sean muchos o pocos, ya que el beneficio inmediato es más bien poco, y a veces inexistente, dependiendo de cuanto haga uno uso de los servicios sufragados por estos impuestos. Pero, como dirían en la cultura anglosajona(y creo que deberíamos tomar ejemplo) hay dos cosas inevitables en esta vida: la muerte y los impuestos.

    Necesitamos darnos cuenta de que, nos guste o no, los impuestos son necesarios. No son solo un medio de pago para los servicios públicos que nos presta el Estado, sino también la mejor forma de redistribución de las riquezas. Es de vital importancia no solo pensar en cuanto nos quitan a final de año al hacer la declaración las oficinas tributarias, sino darse cuenta cuanto hacemos por nuestra comunidad, nuestros “paisanos” y nosotros mismos al pagar nuestros impuestos. Gracias a ellos la población se beneficia de un sistema de educación de calidad(donde se debería enseñar el sentido y objetivo de pagar impuestos), contamos con los cuerpos de seguridad del Estado, la sanidad publica, el servicio de transportes subvencionado o una cosa tan común y escencial como la recogida de basuras o el alumbrado de las calles de nuestros barrios entre otras muchas. Y es por esto que debemos pagar impuestos. Y ciertamente creo que deberíamos pagar todavía una mayor proporción de nuestros ingresos. Así nos beneficiaríamos de sistemas realmente igualitarios desde el punto de vista del acceso a las oportunidades, permitiendo que todos tengamos un derecho real a servicios tan básicos como la vivienda o una servicio sanitario de calidad. Como ejemplo puedo citar a paises como Alemania o Noruega, donde las tasas impositivas llegan al 50% de los ingresos, gracias a lo cual se cuenta con una estructura social de nivel y de igual acceso para toda la población.

    Creo que es una posición controvertida, dado que en España lo de pagar impuestos lo llevamos mal, pero que si analizamos la mejora que podría ocasionar en el largo plazo, más de uno estaría de acuerdo conmigo. Ahi os lo dejo.

  2. Tal como iniciaba su exposición el representante sueco en un seminario de la IOTA, “en Suecia, pagar impuestos es natural”. También lo es en Noruega o Dinamarca, y en países como el Reino Unido ninguna persona integrada en la sociedad pondría en duda ese deber, por cierto, el más importante que tenemos los ciudadanos en una comunidad democrática.

    Estoy convencida de que la principal diferencia entre los países donde la gente paga con normalidad los impuestos que les corresponden (y, ojo, son los países con impuestos más altos) y aquellos otros países en los que quien paga lo hace a regañadientes y sabemos que el fraude es muy alto (no precisamente entre los asalariados) radica en la conciencia fiscal de los ciudadanos. Y esta conciencia fiscal no es un fenómeno aislado sino una manifestación importante del nivel de cultura democrática de una sociedad y de su sentido de colectividad. Las causas de que España esté desgraciadamente más próxima a estos países mencionados en segundo lugar que a los primeros son muchas, pero creo que también son muchos los remedios.

    No quiero extenderme demasiado ahora sino tratar de suscitar la reflexión sobre esas causas y esos remedios, desde nuestra condición de ciudadanos de un determinado país y, para los que trabajamos en la Hacienda Pública, también desde nuestra responsabilidad profesional. Porque creo que es tarea común de todos lograr no sólo que cada uno paguemos lo nuestro, sino también que los demás paguen igualmente lo suyo.

    Marta F-C

  3. Muy interesante el debate que abres, tanto por el tema de los impuestos como el de educación fiscal que me parece radicalmente necesario. Ahora bien, cómo conducirlo es todo un reto ya que en una cultura donde la picaresca es trístemente vanagloriada, la educación fiscal entiendo que se convierte en una carrera de obstáculos. Suerte!

  4. ¡Cuánta razón tiene Marta Fernández-Cuartero! ¿Cómo vamos a hablar de mucha o poca presión fiscal? ¿Con respecto a qué? ¿Con respecto a quiénes? Mira que han pasado años, y todavía no nos hemos puesto de acuerdo en qué tipo de colectividad queremos vivir. Todavía quienes más se quejan de los impuestos son quienes menos los pagan. Todavía abominan más del gasto público quienes obtienen subvenciones más cuantiosas. Todavía se confunde justicia con caridad. Todavía se cree que la solidaridad es una virtud, cuando es un modo de vivir, porque significa “compartir la suerte de uno con… ” Y si no, que se lo pregunten a los bancos que de eso de “préstamos solidarios” saben mucho.

    Deberíamos aprovechar esta desdichada crisis que nos ha tocado vivir para pensar seriamente en nuestro modo de financiar nuestra vida comun. Que para eso sirven los impuestos. Quizá mirar las soluciones de nuestros vecinos nos ayude ¿No nos recuerdan los comentarios despectivos centroeuropeos respecto de los PIGS a ciertos calificativos de unas comunidades españolas respecto de otras? ¿No nos suenan los discursos sobre la supuesta vagancia de ciertos trabajadores? ¿No reconocemos el resentimiento en el tono de algunas justificaciones de ilegalidades varias?

    Si, como decía Schumpeter, toda crisis fiscal es síntoma de una crisis política y social más profunda, ya podemos estar atentos a cómo se van sucediendo los acontencimientos, ¿no os parece?.

    • Marisa Delgado pone el dedo en varias llagas. Una es la cuestión sobre si en España somos una verdadera colectividad, si tenemos sentimiento de comunidad con intereses y fines comunes. Si así fuera, dispondríamos de principios compartidos sobre por qué y para qué pagamos impuestos, algo importante, porque los principios éticos, sociales, políticos…, eso que Victoria Camps llama el mínimo común ético, son la base sobre la que se construye la vida en común. Pero, desde hace unos cuantos años, los españoles nos hemos dado a subrayar y ensanchar lo que nos separa y a despreciar lo que nos une, llegando a ver el más mínimo bienestar del de otro territorio como un menoscabo del propio y viceversa. Si esto pasa entre nosotros qué decir de Europa.

      En España se ha tratado de lograr el cumplimiento voluntario por dos vías: facilitándolo con servicios de ayuda y persiguiendo a los que no pagan. Creo que ambas vías están prácticamente agotadas, pues la Administración tributaria nunca podrá costearse el poner un gestor o un inspector o técnico detrás de cada ciudadano, menos en tiempos de penuria como los actuales y venideros. Sin embargo, no se ha luchado apenas por crear una conciencia cívica de suecos o noruegos o, al menos, de británicos. Jamás se ha abordado una gran campaña directa, clara, notoria, sostenida e impactante para sensibilizar a los adultos, ni tampoco una educación fiscal obligatoria para todos los niños y jóvenes, sean de colegios públicos, semi-públicos o privados, porque los responsables administrativos y políticos que deberían haberlo promovido no han puesto empeño en ello. Nos codeamos con los defraudadores y hasta los admiramos (¿a cuántos artistas, deportistas, banqueros, profesionales liberales, empresarios rechazamos porque sabemos que defraudan, nos defraudan?), mientras nuestro Programa de Educación Cívico Tributaria para niños y jóvenes languidece.

      Pero yo creo que precisamente por todo eso nos queda un gran campo casi inédito por explorar en nuestro país, un campo en el que apenas ha habido acciones y que no serían seguramente muy costosas, aunque sí es imprescindible insistencia y continuidad, así como cierta paciencia para notar claramente los resultados. Sólo necesitamos unos responsables públicos que sepan verlo, sean capaces de abordarlo y que prediquen con el ejemplo, claro.

      • Coincido con la necesidad, que apuntáis, de redoblar los esfuerzos por incrementar la conciencia fiscal en nuestro país, donde el sentimiento cívico y solidario es todavía tan raquítico que el pago de impuestos se sigue percibiendo en gran medida como un asunto de “pardillos” que no saben -o no pueden o sus recursos no se lo permiten- eludir la obligación fiscal.

        Soy una firme convencida de la necesidad de llevar a cabo acciones decididas y continuadas desde los poderes públicos para generar conciencia fiscal, desde luego en niños y adolescentes, pero también -por qué no- con los adultos. Ahora bien, considero que en paralelo España necesita una reforma fiscal que apueste decididamente por la progresividad y la redistribución de la renta, redistribución que se produzca también a través de los ingresos y no, como se nos quiere hacer creer ahora, solo a través de los gastos, acercándonos cada vez más a un “Estado de beneficencia”, como indica Marisa Delgado.

        Como demuestran los estudios demoscópicos en el campo fiscal, es difícil para los ciudadanos mantener la satisfacción con la relación de intercambio. ¿No creéis que quizá tengan mucho que ver en ello situaciones como la congelación de pensiones, la reducción de los sueldos de los funcionarios -muchos de ellos mileuristas, mientras que, por ejemplo, se eleva el tipo del IVA, que supone, en la práctica, reducir la renta de casi todos los ciudadanos en un 2%?

  5. Debate muy interesante.

    Las causas de la evasión de impuestos son muchas: la prestación deficiente de servicios públicos, la corrupción, la falta de conciencia de los deberes fundamentales de pagar los impuestos como un acto de solidaridad, entre otros.

    Traigo como contribución al debate las palabras del Ex-Secretario de Ingresos Federales de Brasil, Dr. Everardo Maciel:

    “En cuanto a la afirmación de que la precariedad de los servicios públicos o la corrupción del gobierno como un pretexto para la espuria falta de pago de impuestos, recuerdo que no existe ninguna evidencia de que tal conducta, en cualquier momento o lugar, se ha traducido en mejores servicios públicos o ha reprimido la corrupción ”

    Brasília, Brasil

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